Hablamos de lo que llega a nuestro plato
Cada día, miles de centros públicos sirven comidas a millones de personas. Y detrás de cada menú hay una cadena de decisiones que empieza mucho antes de que los alimentos lleguen a la cocina: quién los produce, desde qué territorio viajan, en qué condiciones se cultivan, qué empresas pueden optar a suministrarlos o qué criterios utiliza la administración para elegir unas propuestas y no otras.

Cartel del Foro Internacional de Compra Pública Alimentaria que celebraremos en Valéncia el 1 y 2 de octubre de 2026.
Puede que nunca hayas leído un pliego de contratación pública, que tampoco sepas cómo funciona una licitación o quién decide qué alimentos compra un colegio, un hospital o una residencia.
Y, sin embargo, esas decisiones forman parte de nuestra vida cotidiana.
Cada día, miles de centros públicos sirven comidas a millones de personas. Y detrás de cada menú hay una cadena de decisiones que empieza mucho antes de que los alimentos lleguen a la cocina: quién los produce, desde qué territorio viajan, en qué condiciones se cultivan, qué empresas pueden optar a suministrarlos o qué criterios utiliza la administración para elegir unas propuestas y no otras.
La primera jornada del Foro Internacional de Compra Pública Alimentaria y Agricultura Campesina y Familiar invita precisamente a mirar todo eso que se suele desconocer. No desde un enfoque técnico, sino desde una pregunta sencilla: ¿cómo pueden las compras públicas contribuir a construir sistemas alimentarios mejores para las personas y para el territorio?
Lo que compra una administración también afecta al futuro del campo
Cuando una administración compra alimentos, además de abastecer un servicio público, está decidiendo qué modelo agrario sostiene, si favorece la producción local o las cadenas de suministro globales, si facilita que pequeñas explotaciones puedan vender sus productos, o si las condiciones de contratación hacen que sólo puedan competir grandes empresas.
Por eso la compra pública alimentaria tiene un enorme potencial transformador. Porque el dinero público puede servir para generar economías más arraigadas al territorio, impulsar la agricultura campesina y familiar, mejorar la alimentación en los servicios públicos y reforzar la resiliencia de nuestros sistemas alimentarios.
Un programa que baja las grandes ideas a la realidad
La primera jornada del Foro está diseñada para responder a una cuestión muy práctica: ¿qué hace falta para que esto ocurra?
A lo largo del día, responsables de administraciones públicas, organizaciones campesinas, especialistas en contratación, organismos internacionales y personas investigadoras compartirán experiencias que ya están funcionando en distintos territorios para poner sobre la mesa ejemplos concretos que ayuden a responder preguntas que algunas administraciones ya se hacen: ¿Cómo incorporar la producción local a la contratación pública? ¿Qué cambios pueden introducirse en los pliegos para facilitar la participación de pequeñas explotaciones agrarias? ¿Cómo convertir la compra pública en una herramienta que fortalezca el desarrollo?
Las respuestas no son únicas, pero existe un creciente número de experiencias que demuestran que avanzar en esa dirección es posible.
Escuchar a quienes conocen el problema
Una de las fortalezas del Foro es reunir voces diferentes alrededor de un mismo desafío.
Hay representantes institucionales que trabajan en el diseño de políticas públicas; especialistas en la contratación alimentaria; organizaciones campesinas que conocen de primera mano las dificultades para acceder a los mercados públicos; y administraciones que compartirán las soluciones que han encontrado para superar algunos de esos obstáculos.
Esa diversidad es una de las claves del Foro, porque transformar la compra pública requiere cambiar normas pero también comprender cómo funcionan los sistemas alimentarios en su complejidad y construir respuestas desde la colaboración.
Una jornada para quienes quieren pasar de la teoría a la acción
La primera jornada del Foro está especialmente dirigida a responsables políticos, personal técnico de las administraciones públicas y todas aquellas personas que tienen capacidad para impulsar cambios en la contratación alimentaria.
Pero también interpela a organizaciones agrarias, cooperativas, entidades sociales, universidades y profesionales que trabajan para construir sistemas alimentarios más justos.
En el fondo, la gran propuesta del primer día del Foro es demostrar que detrás de algo tan cotidiano como un menú escolar o la compra de alimentos para un hospital hay una oportunidad para apoyar la agricultura campesina y familiar, fortalecer las economías locales y garantizar que el dinero público contribuya a construir un futuro más justo.








